Enrique Iglesias - Espanol

New single "Finally Found You" available on iTunes US.

ESPECIAL DE ENRIQUE EN RITMOSON LATINO, MAYO DE 2012

Una entrevista estupenda que no se puede perder. Durante media hora Enrique habla de su pasión por hacer música, su preocupación por que sus canciones entusiasmen a su público, cuáles han sido sus mejores y sus peores vídeos, la razón por la que escribió Tonight, los "fracasos" de su carrera y lo que le gusta hacer en su tiempo libre. Ya sabía todo de su vida, pero en la entrevista me enteré de algunos datos interesantísimos que aún no sabía, como cuáles han sido sus peores vídeos (por mala suerte es el vídeo de Ruleta Rusa, canción que me encanta). Además Enrique sale superguapo en la entrevista, vestido de jersey azul y gorra. Y se muestra muy simpático, espontáneo, sencillo, carismático, sincero.... Saca todo el increíble encanto que tiene. Me he quedado flipada al ver el vídeo. He saboreado cada frase que dijo Enrique. Es más, la entrevista viene interrumpida por capturas de su concierto en Cancún, en que abraza a una fan afortunada mientras le canta Héroe, y imágenes de los camerinos donde Enrique se preparó para su actuación. También se incluyen testimonios de personas que trabajan con Enrique, es decir miembros de su equipo. El encargado de tocar la batería en su banda atestigua que Enrique se relaciona a un nivel muy personal con todos sus compañeros del equipo, de manera de que forman más bien una familia que sólo una banda. Sin embargo, nadie está realmente tranquilo cuando viajan con Enrique, pues quien se queda dormido en el avión puede esperarse a sus bromas.

Calificación:
  • Actualmente 5/5 estrellas.

Vistas: 686

Favorito de 2 personas

Comentario

¡Tienes que ser miembro de Enrique Iglesias - Espanol para agregar comentarios!

Únete a Enrique Iglesias - Espanol

Comentario de Silvia iglesias el julio 9, 2012 a las 5:25pm

Valérie querida, necesito pensar muy bien lo que voy a decirte... me siento muy culpable por tu desilusión y vas a decir ésta chica se ha vuelto loca... pero no, es una cuestión de forzarme a decir la verdad porque lo deseo y necesito (quisiera descansar ya), pareces muy digna depositaria de mi confianza además de una chica sumamente dulce, profunda y capaz de comprender lo que va más allá de las apariencias; si no hablo de esto contigo pues ya me puedo ir con ello a la tumba. No espero que comprendas inmediatamnte el sentido de mis palabras, es una historia muchísimo más larga de contar que no sé ni cómo he de hacerlo o por dónde comenzar o si debiera; no por ti ni por mi encuentro tantas objeciones al abrirme para decirte algo que me estrangula porque no puedo sacarlo de mi garganta desde hace mucho pero mucho tiempo, sino porque esa historia le pertenece a dos personas, yo soy una de ellas, la otra ya te podrás imaginar quién es... ahora viene la parte dificil, ¿traiciono la confianza de esa otra persona al revelarme ante ti cuando no sabe lo que te diría? ¿necesito su consentimiento porque no hablaría solo de mí aunque tratara de hacerlo unicamente? Por eso he callado ante todos además de que la distancia es un factor determinante para la credibilidad mía. Lo más simple es a veces lo más difícil de expresar, y una vez que rompes el silencio no se puede volver atrás. Eres una chica muy inteligente y despierta, puedo verlo con claridad, la cosa es si tú me comprendes a mí, lo que trato de decirte, lo que te estoy declarando entre líneas, si estás dispuesta a saber y creer, a dar un salto gigantesco para no regresar. ¿Qué ganaría yo con mentirte si ni siquiera nos conocemos físicamente? pude muy bien llevar una charla superficial contigo sin necesidad de explicaciones, evitando a toda costa que nadie me creyera chiflada, o defenderme diciendo que no lo estoy (ya sabes que se infiere que quien lo niega, lo confirma), pero nadie se cruza en nuestra vida así nada más, ni nostros nos cruzamos en la vida de otros fortuitamente, ¿o tú crees que sí? Pero díme tú si deseas conocer la HISTORIA, sé que sólo vas a creerme si te ofrezco pruebas... pero piensa bien que por atrayente que parezca a tu curiosidad es un camino que ya no tiene retorno para las partes involucradas... lo sé y lo puedo decir porque mi vida ha estado marcada por el dolor ¿quieres tú lo mismo? A veces lo que parece demasiado bueno tiene un muy alto precio que pagar también. Te escojo a ti, abrazo tu amistad y quiero confiar en tu fidelidad. Eres buena lo sé. Pienso en ti, que tal vez bajo extrañas circunsatancias seas la única amiga de verdad que pudiera tener en el mundo donde me siento tan solitaria casi siempre. Recibiré tu respuesta con mucha esperanza y gratitud.

Cariños.

Comentario de Valérie Verschelde el julio 9, 2012 a las 4:32pm

A lo mejor dará otro concierto en algún país europeo a finales del año y si mientras tanto me sale trabajo y gano un dinerillo podré volver a viajar al extranjero para verle en concierto.  Y si nos saluda antes de subir al coche, no lo voy a estropear y le diré cosas que le hagan bien. Y ya no haré la tonta agitando mi camiseta. Ojalá que se me presente otra oportunidad.  Y ojalá que el año que viene vuelva a actuar en Monte Carlo.  Si vuelve el año que viene, seré más inteligente y a la hora de hacer la reserva pondré que me sienten cerca del escenario. Y claro en la salida ya no haré el ridículo.  Creo que ahora voy a terminar mi historia.  Espero no haberte aburrido con lo larga que es  pero me pasaron un montón de cosas emocionantes, fueron dos días que siempre me quedarán en la memoria. Unos días en que besé a Enrique y le abracé varias veces, en que me miró a los ojos, en que le dije dos frases y él me contestó con "si".  Pero también unos días en que metí la pata en su presencia.  Pero debería pensar en lo positivo.

Comentario de Valérie Verschelde el julio 9, 2012 a las 4:13pm

No me entraban muchas ganas de hablar de mi experiencia en Monte Carlo, pero no quería que mis padres me volvieran a decir:  "Ves que teníamos razón; no es posible conocer a Enrique".  Así que hablé de lo positivo, que pude darle un beso y abrazarlo varias veces.  No hablé del regalo, a lo mejor habrían dicho que lo tiraron en vez de entregárselo.  Pero cuando me preguntaron si Enrique me abrazó de su parte tuve que admitir que no.  Entonces mi hermano menor me dijo:  "¿Y eso es todo lo que conseguiste?"  Y mi hermano mayor:  "¿Y eso te lo dejaron hacer?  Entre sus palabras leía su mensaje de que por más que luchara nunca conseguiría que Enrique me abrazara ni que me hablara.  Sentí que estaba completamente sola en mis sentimientos por Enrique, nadie de mi entorno comprendería que estuviera destrozada por no haber podido hablar con Enrique cuando se despidió de nosotras y por los guardas de seguridad y las vallas que me impidieron abrazarle en ese breve encuentro.  Así que no les hablé de eso. Almorzamos y luego me metí en la cama y a pesar de mi dolor por Enrique concilié el sueño al cabo de unos minutos pues llevaba más de cuarenta y ocho horas sin dormir, pasando dos madrugadas esperando en la entrada de su hotel. Me desperté a eso de las siete de la tarde y claro lo primero que me pasó por la cabeza era el recuerdo del encuentro con Enrique. Volvió a desgarrarme el dolor y el arrepentimiento por haber malgastado una única oportunidad de conversar con él.  Llorando me abracé a su música hasta que después de unas horas volví a quedarme dormida. Esta mañana también me desperté con dolor y añoranza por Enrique pero a medida que pasaba el día, me fui sintiendo mejor.  Traté de buscar una explicación por todo lo que pasó en ese encuentro y fui recuperando la razón.  También alivia mucho poder escribirte de todo lo que pasó. De esta manera me desahogo y me siento mejor.  También me ha hecho muchísimo bien lo que me has escrito; que nunca hay que dejar de luchar y que un día veré cumplido mi sueño de conocerle en verdad. Muchísimas gracias por tu mensaje, que me ha sido de un enorme consuelo y me da ánimo para seguir esperando.  También me ha consolado mucho lo que me dijo mi amiga holandesa cuando estaba esperando a ese autobús que no venía.  Me aseguró que Enrique lee todas las cartas que le escribimos sus fans además de las publicaciones que ponemos en su página web oficial.  No sé si es verdad, pero ella me juró que sí.  Sería genial que Enrique leyera todo lo que le enviamos sus fans, si es verdad lo que dice la holandesa, y ojalá, habrá leído las muchas cartas que le envié y a lo mejor no me verá como una tonta a pesar de las bobadas que le solté el otro día.  Estuve muy hundida cuando el domingo por la madrugada esperé a las puertas de su hotel.  Me revoloteaban por la cabeza los malos recuerdos, pensé en el  francés que me echó cuando estaba a punto de entregar mi regalo a la producción y que durante el concierto me alejó del escenario, de Enrique que me dijo "it's OK" para que no le abrazara y en la despedida, cuando apenas me habló.  En determinado momento tomé la decisión de suicidarme en cuanto llegara a mi piso en Gante,  no aguantaba más la verdad de que era imposible conocer a Enrique, realidad que me iba a volver más loca de lo que ya estaba si no acababa con mi vida.  Te lo digo en confianza;  de verdad pensé acabar con mi vida, creía que ya no podía vivir con el intenso dolor que me provocaba  nunca poder tener una sola conversación con Enrique ni darle un solo abrazo de cariño porque siempre había vallas y guardas de seguridad.  Pero ahora me encuentro mejor y poco a poco estoy cambiando de idea en cuanto a mi decisión de quitarme la vida. Y eso ha sido parcialmente gracias a tu mensaje. No voy a perder la esperanza. 

Comentario de Valérie Verschelde el julio 9, 2012 a las 3:00pm

Me comía el arrepentimiento. Por fin se me presentó la oportunidad de hablar con Enrique y me porté como un imbécil. Durante más de un día no dejé de desear que pudiera volver atrás en el tiempo para deshacer la tontería que había cometido.  Ah, a lo mejor habría dicho lo adecuado si no hubiera sido por los nervios y la emoción del momento.  Además estaba exaltada de que Enrique me mirara a los ojos y desesperada por mantener su atención, emociones que hicieron que no me saliera nada que tuviera sentido. También habrá tenido un papel el hecho de que el español no es mi lengua materna,  en ese sentido me tenía mucha ventaja la señora española que supo mantener su atención. Por seguro si hubiera sido hispanohablante, hubiera acertado a hacerle entender que  estaba en su concierto en Madrid.  Ahora tiene que haberme tomado como una chiflada.  Por si fuera poco, no dejé de ponerle delante mi camiseta, claro, no era para acaparar su atención con el texto, sino sólo para que me la firmara, lo que no hizo. Probablemente estaba frustrado porque le agitaba la camiseta en la cara pero repito, no era para pedir que leyera el texto, sino sólo para pedir su autógrafo, pues no llevaba papelito.  Pero me quedé sin autógrafo pero eso no fue lo peor; lo peor fue que me dejé en ridículo con él.  Probablemente se acordará de mí como una fan infantil y posesiva y lo último que quería era dejarle esa impresión.  Por mi estupidez desaproveché la oportunidad de entablar una conversación con Enrique, me hubiera encantado tanto hablar más con él.  A la culpabilidad  por haberme portado como una loca y la desilusión de apenas haberle hablado se sumaba la suposición de que no recibió mi regalo, si no me hubiera dado un beso para darme las gracias, ¿no?  O a lo mejor Enrique prefería no expresar su apreciación por un regalo cuando había otras fans.  Sí probablemente será eso; quiere tratar a todos sus fans igual, sin hacer distinción entre los fans que le traemos regalos y los que no lo hacen. Y en eso le sobra la razón.  Las demás fans que le estaban esperando llevaban cámaras para salir en la foto con él y papelitos para pedir su autógrafo.  Yo no llevaba nada, salvo la camiseta.  Y como el encuentro era una sesión de fotos y autógrafos era lógico que diera prioridad a los demás.  La señora española lloraba, yo no.  Así que a lo mejor era normal que hablara más con ella. Todo eso no paraba de inculcármelo a mi misma para tranquilizarme, para aliviar el miedo de que el regalo acabara en la basura en vez de su camerino.  Para aliviar el dolor por que no me hiciera mucho caso. No pudo conversar conmigo porque había una veintena de fans que le pedían una foto y un autógrafo.  Y con la española habló porque lloraba. Porque le entregara un regalo, no debía esperar que me diera prioridad, lo que sería muy egoísta.  Ahora veo todo con más claridad, pero el primer día siguiente a ese encuentro breve con Enrique estuve fatal, desilusionada, dolida y rabiosa con mi misma por no haber dicho lo adecuado y haberme portado como una idiota.  Pasé otra madrugada esperando en la entrada de su hotel y al igual que la primera vez no le vi. A las seis menos cinco tenía que coger el autobús para el aeropuerto de Nice y en la parada de autobuses me encontré con mis amigas holandesas que vaya casualidad esperaban al mismo autobús.  Pero no llegaba pues el domingo no circulaban autobuses, pero eso no lo sabía, dado que en Bélgica no es así. Y eso que tenía que coger el vuelo dentro de unas horas.  Ese problema era demasiado en mi tristeza por Enrique; perdí la razón y a la vista de mis amigas me derrumbé poseída por un ataque nervioso. Al cabo de un rato recuperé la calma y conseguí coger un taxi al aeropuerto, lo que me salió mucho más caro.  Cuando llegué a Bélgica fui a casa de mis padres, pensando que estando sola en mi piso en Gante me pondría peor. 

Comentario de Valérie Verschelde el julio 9, 2012 a las 1:12pm

No obstante pasé unos momentos preciosos;  estuve a poquísima distancia de Enrique, le miré directamente a los ojos, le vi cantando con mucha pasión, estiré los brazos para tocarle; intenté escalar sobre las cabezas de la gente y los brazos de los guardaespaldas pero no pude. Pero fueron unos momentos muy emocionantes.  Pero lo más emocionante pasó cuando salió Enrique del edificio después del concierto.  Y al contrario de la vez anterior en lugar de dirigirse directamente al coche sí se tomó unos minutos para firmar y salir en la foto con nosotras.  Pero como no llevaba ninguna cámara ni papelito para un autógrafo no me hizo mucho caso.  Desconcertada vi cómo se fotografiaba con otras chicas y repartía autógrafos sin que pudiera captar su atención por más que intentara. Al final, cuando se puso delante de mí, si llegué a hablarle, pero poquísimo. Le dije que había estado en su concierto en Madrid. Él me miró a los ojos un poco extrañado y sonriéndo ligeramente y me contestó nada más que eso:  "¿sí?"  Extremadamente exaltada porque Enrique me miraba a los ojos, le dije que era de Bélgica y  consecutivamente le mostré mi camiseta en que había hecho imprimir el texto "Amo a Enrique Iglesias. Pase lo que pase le llevaré en el corazón para siempre".  Pero con todos los nervios y la exaltación del momento lo sujeté boca abajo así que tuve que darle la vuelta. Me moría de vergüenza. Ojalá que Enrique haya podido ver todo el mensaje.  Luego añadí que había venido a Monte Carlo exclusivamente para verle en concierto pero dudo que eso lo oyera, pues mientras tanto ya se fijaba en la señora madrileña a mi lado derecho.  A mí apenas me habló, pero con ella habló mucho más. Intenté volver a captar la atención de Enrique pero todos mis esfuerzos no sacaron ningún resultado, no volvió a mirarme más. Escuchó a la señora española que lloraba por quedarse sin entrada para uno de sus conciertos.  No capté más de eso, dado que no me fijaba mucho en lo que decía la española, decepcionada y furiosa con ella porque acaparaba toda la atención de Enrique. Después de hablar con ella por un minuto, Enrique nos dijo que se tenía que ir y subió al coche.  Y desapareció.  Fueron horribles esos momentos siguientes a su salida;  me mataba la desilusión de no haber podido trabar ninguna conversación con Enrique, el dolor por que apenas se fijara en mí y lo peor;  la culpabilidad por no haber hecho lo adecuado para conversar con él.  Me sentí fatal. Seguramente le dejé una pésima impresión.  Primero metí la pata empezando por hablar de mi misma.  En vez de decir que asistí a su concierto en Madrid y que era de Bélgica, debiera haberle dicho lo siguiente:  "Gracias, Enrique por tu concierto.  Estuviste fenomenal.  Y gracias por cantar en español.  Me encanta toda tu música española".  Pero no le dije nada de eso; sólo hablé tonterías:"Estuve en Madrid. Soy de Bélgica. He venido sólo para verte."  Fíjate, ni siquiera le dije que había asistido a su concierto en Madrid, sólo que "estuve en Madrid".  Más bien pudo pensar que quería decir que había visitado la capital de España sin más.  Menos mal que le enseñara el pase de su concierto del 4 de mayo que llevo en el cuello en cada momento, también si estoy durmiendo, si no por seguro habría malinterpretado lo que le quería decir.  Pero a lo mejor no miró el pase, o no se dio cuenta de que era el pase de su concierto. Después le dije que era de Bélgica; qué metedura de pata, a él que le interesaba la nacionalidad que tengo. A lo mejor si hubiera empezado por decir que estuvo genial en su concierto y que me encantó cada canción o si le hubiera dado las gracias por cantar en español, habría sido capaz de conversar con él un rato más, pero sólo dije tonterías. Ahora ya estoy mejor, pero las primeras veinticuatro horas siguientes a mi metedura de pata me atormentaba el arrepentimiento.

Comentario de Valérie Verschelde el julio 9, 2012 a las 11:41am

Hacia las cuatro y media me llamaron mis amigas holandesas.  El caso es que cuando después del concierto del viernes Enrique se largó de la vista y yo me quedé llorando, la holandesa (no la fan sino su hermana) me propuso que nos coláramos en su concierto del sábado.  Sí, eso se me ha olvidado contarte,  Enrique ha actuado en Monte Carlo por dos noches consecutivas pero sólo teníamos entrada para el viernes.  El plan era que el sábado por la noche volviéramos al recinto y esperáramos hasta que estuviera libre la entrada a la sala para deslizarnos dentro.  La holandesa, una chica muy despierta, había notado que más al final de la cena ya no estaba el tío que  controlaba la lista de asistentes y por tanto era posible entrar sin que nadie nos pidiera la entrada. Sólo necesitábamos disfrazarnos un poquito, es decir ponernos otro vestido y cambiar de peinado para que no nos reconociera nadie de la seguridad.  Dudaba que saliera bien su plan, pero la holandesa me aseguró que no podía fallar nada, salvo que nos pusiéramos histéricas para Enrique.  Pero de regreso al casino, donde iba a tomar el autobús para Nice, se puso a discutir con su hermana, la que era fan de Enrique, que le culpaba de no haberla ayudado a llegar a él.  Al final se puso muy enojada y dijo que ya no pensaba volver a Monte Carlo la noche siguiente, pues el plan de colarse en el concierto sólo lo quería llevar a cabo para ella, pero como se portara desagradecida, se anulaba todo, es eso lo que le dijo.  Pero por suerte supieron resolver su disputa y me llamaron al día siguiente por la tarde para decirme que al final habían decidido llevar a cabo el plan.  Menos mal, porque sola no me había atrevido a colarme.  Me avisaron a eso de las cuatro de la tarde pero sólo llegaron a las siete y media por culpa de la falta de autobuses que el sábado circulaban entre Nice y Monte Carlo.  Quedamos a las ocho menos cuarto; me pintaron y me ataron el pelo para que pudiera pasar desaparecibida, fuimos a cenar algo y después nos pusimos de camino a donde era el concierto.  Cuando llegamos hacia las diez menos cuarto vi una furgoneta negra aparcada delante de la entrada principal que estaba rodeada de gente de seguridad, la misma en que salió Enrique la noche anterior.  Era muy duro reprimir las ganas de acercarme, pensando que a lo mejor bajaba Enrique para entrar a los camerinos. Pero me paró la holandesa;  si intentaba llegar a Enrique lo iba a estropear todo, me dijo.  Dios mío, me cagué de miedo cuando atravesamos el recibidor en dirección de la sala.  No me vas a creer, pero supimos entrar desapercibidas sin que nos parara nadie.  Ahora que vuelvo a pasar en eso, todavía me siento un poco orgullosa de nuestra faena. Dios mío, me cagué de miedo cuando atravesamos el recibidor en dirección de la sala.  No me vas a creer, pero supimos entrar desapercibidas sin que nos parara nadie.  Ahora que vuelvo a pensar en eso, todavía me siento un poco orgullosa de nuestra faena. Pues total, logramos colarnos y nos quedamos charlando en el balcón al fondo de la sala hasta que empezó el concierto. No voy a decir que no tuviera miedo;  sobre todo me espantaba la idea de que pasara por el balcón ese asqueroso cabrón de seguridad, el que me había echado cuando intentaba entregar el regalo y  me había alejado del escenario.  Después de esos incidentes por seguro me reconocería de la mirada.  Pero por suerte no apareció.  Es más; no sólo conseguimos entrar sino también supimos avanzar hasta que encontrarnos muy cerca del escenario, como la noche anterior.  Y al igual que la primera noche al cantar su última canción I like it Enrique nos invitó a subir pero esa vez ya no conseguí darle ningún beso, una abrazo fugaz, nada más. En menos tiempo que la noche anterior los de seguridad se pusieron delante de Enrique con los brazos estirados de manera de que ya no podíamos abrazarle.

Comentario de Valérie Verschelde el julio 9, 2012 a las 10:04am

Pasé más de tres horas esperando frente a la entrada principal de su hotel,  para ser específica desde las tres y media hasta las siete menos cuarto.  Sabía que a Enrique le gustaba salir de fiesta con la banda después de un concierto, y como a Enrique no le hace falta mucho sueño, suponía que no regresaría antes de las cuatro.  Así que me quedé esperand  sentada en una valla que cercaba el céspéd al lado de la entrada. Escruté cada furgoneta, cada taxi, cada coche de lujo que llegaba.  Salieron muchos caballeros forrados y chicas vestidas de gala,  huéspedes del hotel, pero no vi a Enrique.  Pero no me desanimé, seguí esperando hasta que me dolió el culo y me quemaban los pies por llevar horas sentada en la misma postura incómoda.   Como no llevaba nada más que un vestido de seda y un pañuelo, me estremecía de frío. Hacia las seis cambié de sitio me senté contra la fachada lateral del casino al lado del hotel.  Pero no llegó Enrique.  Derrotada apoyé la cabeza en la fachada y exploté en llanto, esperando que a lo mejor me viera Enrique desde una ventana y me tuviera compasión.  Pero no pasó nada.  Hacia las seis y media o las siete menos cuarto se me fue la última pizca de esperanza de verle.  Seguramente había entrado por alguna puerta escondida.  Volví a mi propio hotel para desayunar, pues me moría de hambre.  Los deliciosos cruasanes y bollos de chocolate no ayudaron a consolarme pero al menos me calentaron el estómago, pues aún estaba un poco helada por esperar tanto tiempo en el frío.  Hacia las ocho y media volví al hotel de Enrique.   Cobré valor y me colé por la entrada principal. Por suerte no me vio nadie, tampoco los de la recepción.  Subí volando a la primera planta y recorrí todas las plantas varias veces, pero no hubo ni rastro de Enrique.   Las puertas estaban cerradísimas y en las habitaciones no daban ninguna señal de vida.  No era solución llamar a las puertas una por una, si eso lo hacía no tardarían mucho en venir los de seguridad para echarme .  Intenté captar algún indicio de dónde exactamente se alojaba Enrique; algún periódico, alguna voz...  Al final descubrí una suite de tres habitaciones en la segunda planta en cuya puerta colgaba un letrero en que se ponía "Por favor no estorben".   Pensé que había una posibilidad de que fuera ahí donde se alojaba.  Pero no me atreví a entrar;  era bien posible que si estaba, se enfadaría mucho por molestarle y además no quería hacer nada que fuera en contra de su voluntad.  Le dejé un recadito por debajo de la puerta y esperé una hora sentada en un sillón delante de la puerta pero no pasó nada.  No abrió nadie.  Al final un mayordomo del hotel me liberó de la inseguridad diciéndome quién era el habitante de la suite; un cierto señor con apellido francés que ya no recuerdo.  Otra vez recorrí todas las plantas en búsqueda de Enrique, pero nada.  Más tarde la chica holandesa me revelaría que Enrique tenía alquilada una planta entera en una parte oculta del hotel al que no tenía acceso nadie.  Muy desesperada salí y regresé a mi hotel sin dejar de llorar por el camino.  Nada más entrar en mi habitación me metí en la cama.  No me daban ganas de tomar el sol en la playa ni de dar una vuelta por el paseo marítimo ni de almorzar en ningún bar;  lo único que quería era dormir para ya no sentir el dolor que me desgarraba al pensar en la salida precipitada de Enrique y el beso que había quedado atrás y no volvería más.  Me destrozaban las ganas por pasar otro momento, más largo, con Enrique y me volvía loca la duda de que hubiera recibido mi regalo.  Tenía los ojos hinchados;  desde que salió Enrique sin mirarnos había estado llorando sin parar.  En la cama seguí llorando por  buen rato, besando las fotos de Enrique hasta que me quedé en un estado de sueño muy ligero, sin dormir verdaderamente.  Me llamaron mis padres varias veces pero no tuve ganas de hablarles.  Finalmente cogí el teléfono y les dije que no me daban ganas de hablar porque estaba cansada. 

Comentario de Valérie Verschelde el julio 9, 2012 a las 8:46am

Pero lo más maravilloso vino al final, cuando Enrique nos invitó a subir al escenario.  Mientras tanto había avanzado tanto entre la gente que ya me encontraba pegada al escenario y como no era muy alto, en un segundo estuve arriba del escenario y sin vacilar nada fui a por Enrique corriendo. Cuando llegué a él ya le abrazaban dos chicas que habían sido más rápidas que yo pero logré abrazarle también. Pero no tardó mucho en acudir la seguridad para impedir que una decena de chicas se lanzaran sobre Enrique.  Creo que de haber llegado un segundo más tarde ya no habría conseguido abrazar a Enrique.  Pero de verdad, fue increíble,  pude pasarle los brazos por el hombro y el cuello;  fue un momento alucinador que no olvidaré nunca.  Pero no duró mucho, pues Enrique se desplazó por el escenario pero poco después volví a abrazarle, pero por la espalda, pues ya le abrazaban tres chicas.  Me agarré a él y le di mil besos en la espalda.  Y poco después, sí, es verdad, pude plantarle un beso en la boca, y él no retiró la boca sino recibió el beso y hasta tengo la impresión de que me besó también, que disfrutó de ese beso que le di.  Pero en otro momento pasó algo que me disgustó y que ahora todavía me sienta un poco triste;  se encontraba abrazado a unas dos o tres chicas y yo me acerqué a él para abrazarle también, y entonces me miró directamente a los ojos y me dijo "it's OK", creo que me decía que no hacía falta que me pusiera tan histérica.   Fíjate, ni siquiera me habló en español, lo que me hizo dudar que de verdad recibiera el regalo. Pues si había echado un solo vistazo al regalo y la foto que adjunté, me habría reconocido y me habría hablado en español.  No entendía nada.  Y esa frase me dejó muy desesperada, pensando que no podía haber recibido el regalo si me hablaba en inglés.  Y lo que pasó después fue aún peor.  Yo y una veintena de otras fans le estuvimos esperando al lado de la salida lateral donde entregué el regalo a esa señora de la producción.  Había varios vigilantes de seguridad que rodeaban el coche al que iba a subir y unas barreras nos impedían avanzar hasta los coches.  Después de aproximadamente media hora salió.  Pero al contrario de lo que había esperado no se nos acercó sino dio la vuelta al coche y subió al otro lado. Ni siquiera nos saludó. Me quedé cortada.  ¿Y eso por qué lo hizo?  No es de su costumbre subir directamente al coche sin dedicarnos ningún momento a sus fans.  Eso lo hacen estrellas como Justin Bieber pero él no.  No podía ser.  Me quedé muy disgustada.  Inmediatamente pensé que a Enrique ya no le interesaba ponerse en contacto con sus fans.  Me eché a llorar.  La chica holandesa me tranquilizó diciéndome que los organizadores de la fiesta estaban un poco enojados con Enrique por invitar a la gente al escenario y causar el jaleo, dado que se pudiera haber producido algún accidente y por eso preferían que Enrique ya no firmara nada al salir.  Le creí para aliviar el dolor por que Enrique no se acercara a hablar.  Toda la madrugada y el día siguiente no dejé de pensar en la salida fugaz de Enrique convenciéndome a mi misma de que salió sin mirarnos no porque lo quisiera  él, sino porque se lo habían solicitado los organizadores de la fiesta.  No dejé de pensar en el beso y los abrazos que le di, que fueron tan breves que parecía como si no hubiera pasado nada, pero muy intensos.  Y también me perseguía la frase que me dirigió "it's OK",  indicio de que nunca había leído nada de lo que escribí en los últimos seis meses, ni del regalo que dejé a la producción.  Toda la madrugada pasé esperando delante de la entrada principal de su hotel. Sabía donde estaba alojado de las holandesas, pues para ellas ya no era la primera vez que asistían a un concierto de Enrique en Monte Carlo.  Pero sin embargo no están tan obsesionadas como yo, pues no se quedaron esperando frente al hotel sino que regresaron a Nice (otra ciudad francesa cerca de Monte Carlo) en autobús.  

Comentario de Valérie Verschelde el julio 9, 2012 a las 4:17am

Todavía no te lo he dicho pero su actuación en Monte Carlo no fue un concierto verdadero sino  más bien una cena seguido por un concierto privado.  Al evento asistieron principalmente personas prominentes con muchísima pasta que venían sobre todo a disfrutar de la cena, la música  y el ambiente, y no para aclamar a Enrique.  Estimo que no hubo más de mil personas.  El concierto no tuvo lugar en una arena sino en un tipo de restaurante muy lujoso.  Por eso la entrada me había salido a 220 euros. El público consistió mayoritariamente en familias riquísimas millonarias que venían para ostentar sus vestidos  y estar de charla con sus amigos, claro que también venían para Enrique, pero no hubo muchos fans fervientes como yo.  La cena empezó a las ocho y media.  Los asistentes con prestigio fueron sentados al lado del escenario pero como era una chica sencilla sin ningún estatus importante y tampoco tenía reserva para estar cerca del escenario me sentaron  completamente al otro lado de la sala. Pero menos mal que la sala no fuera muy extensa así que en principio era posible abrirme paso hasta el escenario una vez que empezara el concierto, si no me paraban los de seguridad, pues no estaba segura de que se me permitía alejarme de la mesa, pero lo intentaría.  Pero qué casualidad, al lado de mí estaban sentadas dos chicas holandesas muy simpáticas y como hablábamos la misma lengua al poco tiempo nos pusimos a charlar. Una de ellas también era muy fan de Enrique y como yo venía desde Bélgica, ella venía de Holanda exclusivamente para verle pero prefería no viajar sola así que le acompañaba su hermana. Juntas tramamos un plan para acercarnos lo más posible al escenario una vez que empezara el concierto.  La hermana nos aconsejó que no nos portáramos como fans y no nos acercáramos corriendo sino que intentáramos pasar desapercibidas.  Nos dijo que a Enrique sí le gustaba que le aclamáramos sus fans, cómo que no, pero a esos ricos tíos orgullosos les sacaba de quicio que unas fans "histéricas" se pusieran a chillar, empujar y corear la música de Enrique, dado que venían para disfrutar de la cena y la música con toda tranquilidad sin verse rodeados de ese jaleo típico de conciertos. A medida que se acercaba el comienzo del concierto me ponía más y más nerviosa, y apenas me entró nada de comida. De hecho, tenía razón la chica holandesa; cuando empezó el concierto, nadie se precipitó hacia delante y no todo el mundo se asomó al escenario. En muy poco tiempo conseguí  acercarme;  cuando Enrique entonó su segunda canción ya me había quedado con un sitio a unos metros del escenario.  Pero fue difícil contenerme, sobre todo cuando interpretó una de sus canciones en español; No me digas que no.  Loca por entusiasmo y chillando y agitando los brazos canté  todo el tema, no sólo el estribillo sino también las estrofas y el texto de Wisin y Yandel.   Y sin parar ningún momento también canté con las demás canciones, que eran en inglés. Creo que fue una de las muy pocas o a lo mejor la única en cantar ininterrumpidamente y gritarle cosas, que le amaba, que era el mejor y le estaba muy agradecida por cantar algo en español.  No cabe duda;  Enrique tuvo que verme. Pero desafortunadamente también me notaron los de seguridad por mi comportamiento entusiasmado y ese mismo asqueroso que me había echado por la tarde me cogió y me llevó  a mi sitio al fondo de la sala.  No tengo ninguna idea cómo sabía que estaba sentada al fondo.  Pues el caso es que ese cabrón me alejó del escenario y Enrique lo tuvo que ver pero no dijo nada, siguió cantando.  Pero no pude resignarme a verle desde lejos; apenas se alejó de la vista ese hijo de puta, con toda prudencia volví al escenario.  Al cantar Amigo Vulnerable  Enrique subió a una de las mesas cerca del escenario y caminó casi hasta el final. Empujé todo lo que pude para llegar a él y casi logré tocarlo.  Fue maravilloso. 

Comentario de Valérie Verschelde el julio 9, 2012 a las 3:21am

Era para que me escribiera una carta para darme las gracias, me dijo.  Desafortunadamente no me dejaron pasar a su camerino pero no hubiera tenido mucho sentido, pues aún no estaba.  Llorando le besé varias veces para darle las gracias.  Luego bajé al paseo marítimo a tomar una copa en una terraza a celebrar mi éxito. Durante unas horas estuve en un estado eufórico.  Creía que a la hora de su concierto Enrique me iba a escoger del público para darme las gracias por el regalo, no importaba lo lejos que estuviera del escenario.  Pues me equivoqué. 

© 2013   Creada por Enrique Iglesias.

Insignias  |  Informar un problema  |  Términos de servicio